La verdad, yo no sé como catalogar a este individuo, si busca-vidas, caza-tesoros, deportista, amalgama-letras o vividor, camaleónico.

Lo que tengo claro es que llegado a esta disciplina, podría considerarlo como un vulgar cerrajero de puertas y cancelas de emociones.

Un traductor de sentimientos al uso.

Un junta letras estilista de la acción y reflexión, tanto autobiográfico como imaginativo.

Él se define como autónomo y deportista de nacimiento, todo lo demás son pataletas y anhelos de querer ser todos o ninguno.

Graduado por perderlo de vista, nos dice, ha sido la poesía y no las aulas la que ha conectado su personalidad con su propia vida, la que despertó la pasión y conexión por la palabra como energía vital, la chispa de la creatividad lírica incesante y el interés por la literatura puesta al servicio mundano de la calle y los suyos.

Preguntado porque escribe, nos responde entre series anaeróbicas y sumido en la improvisación de la economía de mercado;

Porque la palabra es magia, resuelve, despierta, acerca y nos conecta…te parece poco ?

Porque es una manera de tenerlo todo.

Porque puedes viajar en el tiempo, robarle recuerdos e imágenes y darles vida de nuevo a tu antojo.

Porque me odio menos cuando escribo que cuando hablo.

Porque el papel te da muchas oportunidades antes de salir a venderte, y esto reconforta y mucho todas las oportunidades huérfanas y ni eso, en el ajuar restante de la vida.

Porque me ayuda a vengar o superar situaciones sin juicios ni reyertas, a ser más reflexivo y consciente, a saborearlo todo en otra dimensión.

Porque como letra herido, más daño me hacen las palabras que los golpes y, como todo, hay que entrenarlas para hacerse con ellas.

Porque no hay nada salvo un entreno de caballo y un polvo reconciliado, como el desafío al misterio de la composición de un sentimiento de la nada.

En definitiva, porque el cruce más bonito del mundo nos aguarda y todos lo quieren escriturar, menos yo.